Las Pallozas de los Ancares, construcciones ancestrales

Palloza, Piornedo, Ancares, Galicia, Lugo, Museo Casa do sesto Panibericana 3

26 Nov Las Pallozas de los Ancares, construcciones ancestrales

Piornedo está situado a 93 km de Lugo, Galicia, en las faldas de la montaña Mustalar de la Sierra de Ancares. Además de los impresionantes paisajes circundantes, este poblado es único porque cuenta con el mayor conjunto de pallozas, 18 en total, que datan de la época prerromana y son las mejor conservadas de toda Europa.

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No hace mucho, en los años sesenta, todavía estaban habitadas. Visitar este lugar, a 1200 m de altitud, en cualquier época de año es un buen plan para quienes disfrutan los viajes al pasado, a través de las tradiciones y vestigios históricos.

Las pallozas son testimonio tangible de cómo era la ya casi olvidada vida montañesa. Conservarlas representa un gran esfuerzo, ya que no quedan personas que sepan construir pallozas, bien se sabe que no es tarea fácil ni barata.

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La vida montañés en los Ancares

Son viviendas circulares de más o menos 20 metros de diámetro, paredes de piedra y techumbre de paja. El interior nos sobrecoge un poco al tratar de imaginar una rutina dentro de estas casitas. El área se encuentra dividida en habitación, cocina y establo, sí, los animales vivían en casa, tenían su propio rincón tipo establo, aunque no había muro alguno para delimitar los espacios.

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Para adentrarnos en este típico estilo de vida, visitamos la Palloza Museo Casa do Sesto que en 1970 aún era vivienda. El amable guía nos describió con todo detalle el día a día de los habitantes de estos hogares rústicos. Lo que no podía faltar era un buen fuego para cocinar y calentar la casa; el techo está construido con varas de centeno (de donde proviene el término palloza)  para facilitar la salida del humo por filtración a fin de que la gente no sufriera ahogos, aunque es cierto que con el paso de los años, la salud respiratoria terminaba muy deteriorada.

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Los animales vivían dentro de casa para estar protegidos de las heladas, al mismo tiempo, su calor corporal hacía de calefacción. Todo estaba dispuesto de tal modo que, así fuera el más crudo de los inviernos, o pleno verano, el refugio mantenía siempre la misma temperatura.

El recibidor es un pasillo central que se utilizaba para realizar tareas artesanales o reuniones familiares. Ningún espacio se desaprovechaba.  De las paredes cuelgan suecos y se sujetan repisas con toda clase de objetos rústicos, herramientas, lámparas, arados, yugos, carros y vitrinas con objetos personales de quienes habitaron la vivienda. También se conserva un telar auténtico en muy buenas condiciones. Hay bancos, comederos para animales y mesitas multiusos. 

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La alcoba es para una cama pequeña, sobre las mantas hechas a mano, tendidas sobre un jergón de paja descansa un gato que observa a las visitas sin moverse. El lugar más importante de la palloza es la cocina con su gran caldero para cocer la carne. Alrededor, numeroso trastos y palos que lo mismo servían para tender ropa que chorizos. Además de compartir los alimentos, era el punto de reunión de la familia para conversar o celebrar. Frente al fuego, las largas noches de invierno se amenizaban con cuentos, anécdotas, lecturas, al tiempo que se tejía, se elaboraba alguna manualidad o simplemente de descansaba.

Solo una vez al mes se hacía pan debido a que encender el horno de piedra requería un carro completo de leña, por ello, de cada hornada se sacaban tres decenas de hogazas y un par de empanadas que debían rendir hasta la siguiente.

En la planta de arriba de la palloza, se guardaba forraje y también solían dormir miembros de la familia. El recorrido termina en un rincón de la casa donde se halla el cortello, una especie de cuadra para guardar terneros y cerdos, en el que aún dejan vivir unas gallinas y se ha acondicionado una tiendita de artesanías hechas a mano. Nosotros hemos adquirido una simpática bruja de arcilla.

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Durante la segunda mitad del siglo XX, las pallozas fueron deshabitadas ya que con la construcción de la primera carretera, llegaron a la zona los recursos para levantar otro tipo de viviendas. Afortunadamente, las antiguas vivendas se conservaron y además de ser un atractivo turístico de los Ancares son patrimonio cultural.

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Especialmente  recomendable es visitar la aldea de Piornedo después de una copiosa nevada, a pesar del frío vale mucho la pena, hoy en día se puede hacer sin mayor problema, siempre que las autoridades de la zona lo permitan. En el pasado, una nevada dejaba incomunicado el pueblo por largas temporadas. Así lo recuerda el senderista Antonio Alonso: “A finales de los 60, me quedé atrapado en el pueblo después de una de esas nevadas que dejaban intransitables los caminos. Esperé una semana, viviendo ni más ni menos que con el último pallocero. Tuvimos tiempo para conversar y aprender sobre las tareas diarias para mantener la calma y la paciencia. Volver a tener contacto con otras personas llevó varios días. Una gran experiencia”.

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Cómo llegar:

 

Contactos del Museo do Sesto: 982245540 / Móvil:626738855

Panibericana

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