20 Feb Fiesta de carnaval, mascarada y harramachos en Navalacruz, Ávila
Última Actualización 02/26.
El pueblo de Navalacruz, provincia de Ávila, está listo para celebrar su tradicional mascarada y fiesta de carnaval, el próximo 14 de febrero, a partir de las 16:00 hs. Es una animadísima tardeada familiar a la que puede sumarse todo aquel que quiera rendir un tributo a la naturaleza y conocer de cerca las antiguas tradiciones de la zona. Una tarde día diferente.
Se sabe que esta celebración tiene su origen en la época en que los vetones, grupos prerromanos de la cultura celta, habitaban esta zona peninsular. Eran comunidades que se desarrollaban enfocadas en la agricultura, la ganadería y la guerra.
Se desconocen muchos detalles acerca de los rituales que formaban parte del carnaval de Navalacruz en sus orígenes, debido a que durante los años de la dictadura estuvo prohibida su celebración, y aunque hubo vecinos que no soltaron sus raíces y festejaban a escondidas, no pudieron evitar que con el tiempo se perdiera esta costumbre.
Fue en el 2015 cuando la asociación cultural Cantobolero, junto a otros entusiastas de las tradiciones, se empeñaron en revivir su querida fiesta de carnaval y mascarada, con el fin de sacar a la luz esa parte de la historia de Navalacruz, no solo por darle notoriedad en el mapa de la región sino por avivar el sentido de pertenencia de los habitantes de estas tierras, que tanta falta hace en estos tiempos de la España vaciada.
Desenterrar la tradición no fue tarea fácil. Hubo que rebuscar entre libros y documentos históricos, así como hacer muchas entrevistas a la gente mayor que fueron quienes más información aportaron con sus remembranzas y anécdotas en lo referente a preparativos, actividades, significados, personajes y, en especial, sobre la técnica para confeccionar los salvajes y poderosos atuendos de los harramachos.
Los trajes de los harramachos, los auténticos reyes de la fiesta de carnaval, deben estar hechos a mano solo con materiales de origen natural como cortezas de árbol, hojas secas, barro, pieles de animal, cornamentas, huesos…. La intención primordial es crear seres enigmáticos que restablezcan el vínculo entre los humanos, el campo y sus bestias, de cara a la cercana primavera que marcará el inicio de un nuevo ciclo que esperemos traiga protección, fertilidad y buenas cosechas.
Máscaras tributo a la naturaleza
A decir de los abuelos de Navalacruz, el carnaval solía durar varios días, por ahora toda la fiesta se ha concentrado en un solo día, el sábado de carnaval. La cita es después del medio día. Las familias se congregan debajo del balcón del ayuntamiento, donde se dará el pregón y se otorgará el permiso para la celebración.
Poco a poco, los personajes del carnaval aparecen abriéndose paso entre los presentes. Las primeras en llegar son las carátulas, son jóvenes que se inician en la tradición y cuyo vestuario se distingue por estar cubierto de tiras de colores, algunos dicen que representa los colores de la primavera.
Acompañado del alguacil, se presenta el alcalde, cuyo aplomo marca autoridad; lleva una gran capa de lana y un bastón largo que usará como punto de apoyo para realizar el salto del río, uno de los rituales de la fiesta de carnaval
Otra figura de la festividad es el vaquero que lleva consigo una bota de vino y en la mano una cinta de cuero con la que soltará algún azote a quien provoque desorden. También lleva pan y chorizo para premiar a los más animados y a los niños que hagan sonar sus cencerros. Como no hay vaquero sin vaquilla, un mozo vestido en blanco y negro es quien la representa, lleva una amenazante cornamenta atada a la cintura con la que persigue a los hombres y levanta la falda a las quintas y a las ruanas, mujeres que lucen con orgullo el traje típico y hacen gala de danzas tradicionales.
La multitud recibe con gran respeto y curiosidad a los amos de la fiesta: los harramachos. Son los personajes principales de esta fiesta y para los vecinos es un honor llevar estos sofisticados trajes. Hay dos tipos de harramachos los que llevan pieles y cráneos de animales, y aquellos cuyas máscaras están elaboradas por barro, semillas, hojas, fibras y textiles orgánicos. Cada confección es única y los autores tienen toda la libertad creativa para conseguir el aspecto más místico. Se trata de un ritual de reconexión con la naturaleza. Hasta el final del programa nadie sabrá quien se encuentra debajo de cada «disfraz», resulta divertido para los vecinos tratar de adivinar quién es quién.
También corren «raudas y presurosas» las hilanderas, hombres disfrazados de aldeanas que portan gafas con moturas de semillas. Los más pequeños también forman parte de la fiesta de carnaval, usan un vestuario campirano, se tiznan la cara y atan a su cintura cencerros para hacerlos sonar cuando el vaquero se los pida, a cambio de pan y chorizo. Otros miembros importantes del programa, aunque inanimados, son los peleles, dos muñecos que por su ropaje se adivinan un hombre y otro de mujer. Su destino se definirá al caer el sol.
Tras el pregón, vamos con la muchedumbre por las calles del pueblo, acompañados por la música de las dulzainas y tambores. Nos encaminamos hacia el monte en busca del punto más alto para disfrutar del campo, las vistas y el viento fresco. A cada paso, los harramachos demuestran poderío y dominio y con poderosos ademanes van ahuyentando al invierno.
La música de las dulzainas y el baile están al máximo. Propios y extraños disfrutan del momento hasta que llega la hora de volver a la plaza. Antes, hacemos un alto en el río para que los quintos puedan cumplir con el ritual de “saltar el río”, para ello, los peleles son colocados en el puente como si fueran espectadores de honor. Primero saltan los quintos y después, lo hace el alcalde apoyado en su pértiga. Tras conseguirlo, sin mojarse, el pueblo le regala una ovación.
En la plaza nos congregamos formando un amplísimo círculo, dentro del cual se torea a la vaquilla. Después, las mujeres ejecutan bailes tradicionales, seguidos de una representación teatral en la que un vecino intenta ordeñar a una vaca, pero esta se muestra reticente y se defiende con patadas y cornadas. Al finalizar este acto, los peleles son colocados en medio de la multitud y se les prende fuego, mismo que es alimentado con hierba seca para que sus llamas se levanten y cumplan así con su labor purificadora.
Es un saludo a la naturaleza para que nos regale un año de bonanza agrícola y ganadera Lo cierto es que el acto nos lleva a reflexionar acerca de lo sabios que eran los antepasados al demostrar un respeto y agradecimiento al campo y sus recursos.
Es plausible el entusiasmo, esfuerzo y compromiso que los pobladores de Navalacruz ponen cada año por recuperar su carnaval, reencontrarse con sus raíces, renovar su amor al campo y luchar por mantener su pueblo lleno de vida, a través de toda su riqueza cultural. Sin duda, esta fiesta de carnaval es un buen ejemplo de iniciativas para contrarrestar la España vaciada.
Por su parte, los Navalacrucenses están muy orgullosos de haber dado un nuevo aire a su celebración y esperan que su fama se extienda por toda la península ¡que viva por siempre su mascarada y fiesta de carnaval!
Panibericana




















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