Los petroglifos eróticos de A Moura de Pena Furada

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06 Sep Los petroglifos eróticos de A Moura de Pena Furada

 

¿Qué relación podrían tener los enigmáticos petroglifos encontrados a finales del siglo pasado en el norte de Galicia, en el Santuario de Pena Furada, con las Sheela-Na-Gig, unas esculturas eróticas femeninas irlandesas medievales? En principio, la respuesta debería ser ninguna, pero sería una respuesta equivocada.

Sheela-Panibericana

Sheela-Na-Gig. (Wikipedia) y A Moura. Santuario de Pena Furada. Coirós. A Coruña. Foto panibericana

Pero antes que nada, ¿Qué son las Sheela-na-gig?

Son figuras femeninas desnudas que separan sus piernas con las manos para mostrar la vulva, generalmente de un tamaño desmesurado en relación al tamaño de la figura y que contrasta con sus pechos pequeños y la delgadez del cuerpo. Su rostro mira siempre de frente y sus rasgos no son agradables: con ojos grandes y saltones y un cierto gesto burlón en los labios. Jalonan sobretodo iglesias, especialmente en Irlanda, donde son muy  abundantes, aunque también constan en menor medida en las Islas Británicas. Existe mucha controversia en torno al origen de las figuras, así como sobre qué es lo que representan en realidad.  Si bien las representaciones eróticas son comunes en las iglesias del románico en toda Europa Occidental (Podéis consultar nuestro artículo sobre la escultura erótica medieval en la península ibérica), las Sheela-Na-Gig parecen representar a seres del folklore celta irlandés.  

Ejemplos de Sheela-na-gig vs A Moura de Pena Furada. Dibujos del estudio Petroglifo de una mujer en el santuario de Pena Furada de Fernando Alonso Romero.

1) Sheela-na-gig iglesia KilpeckenHerefordshire (Ing). 2) Condado de Roscommon 3) A Moura Pena Furada. 68 cm largo, 15 cm ancho. 4) Canecillo Ig. S. Martiño de Xubia (Narón. A Coruña).

1) Sheela-na-gig iglesia KilpeckenHerefordshire (Ing). 2) Condado de Roscommon 3) A Moura Pena Furada. 68 cm largo, 15 cm ancho. 4) Canecillo Ig. S. Martiño de Xubia (Narón. A Coruña).

El nombre de Sheela es una versión en gaélico del francés-normando “Cecilia”, un nombre muy popular en Irlanda. El vocablo gig significa vulva. En el folklore irlandés, las Sheela na gig adquirieron atributos de una santa, Santa Sheelag, de la que se dice que fue la esposa de San Patricio. Conserva, al mismo tiempo, atributos propios de una divinidad, que controla las fuerzas de la naturaleza y posee unas marcadas connotaciones sexuales. Algunos investigadores británicos opinan que podría tratarse una divinidad pre-cristiana, de origen nórdico, como la diosa Freya o la diosa germana Nerthus, o incluso la representación de una Diosa Madre o Diosa de la Tierra, esperando ser fecundada por el dios del Cielo. De ese modo, estos petroglifos tendrían una relación con algún antiguo culto para favorecer el parto y la fertilidad. En algunos relatos aparece como una vieja bruja que produce tempestades. Esta personalidad doble de mujer joven o vieja, con poderes sobre la naturaleza y para transformarse, es propia de una divinidad céltica con poderes para crear y para destruir. 

Las teorías al respecto al origen y significado son muy variadas.

Origen Pagano. La teoría más popular, si bien no la más aceptada entre los expertos, es que estas figuras serían representaciones de la vieja bruja Cailleach, de la mitología celta, irlandesa y escocesa, que equivaldría a la diosa Navia astur-galaica, todas ellas representaciones de la primigenia Diosa Madre. Las reticencias académicas a esta teoría se han encontrado de bruces con la aparición de la Moura de Pena Furada, sobre la que trataremos a continuación.

Origen Medieval. La teoría más aceptada académicamente. Su origen las sitúa en las iglesias románicas de Europa Occidental. Los motivos de las Sheela-na-gig, conjuntamente con otros motivos obscenos de figuras masculinas, llegarían a las Islas Británicas provenientes del arte románico de Europa occidental, a través de las rutas del Camino de Santiago, siendo aceptadas rápidamente por el gusto local, ya que se adecuaban con las creencias relacionadas con la doble personalidad de las divinidades célticas. Si bien es conocido que la mayoría de estas figuras son de origen medieval, algunas podrían ser de épocas anteriores, ya que la mayor parte de las iglesias fueron construidas sobre lugares de culto paganos, conservándose las sheela na gig en sus muros o exentas.

Sobre su significado: Eran figuras talismán que se utilizaban como antídotos contra el mal de ojo y se relacionaban con poderes fertilizantes.

Figura de Fertilidad: Esta teoría suele usarse en relación a su representación como una diosa pagana.  Las figuras se usaban en un contexto de fertilidad y se asociarían con las denominadas piedras de parto. Hay evidencias folclóricas de que al menos algunas de las Sheelas fueron usadas de esta forma, utilizándose las figuras para ayudar a las mujeres en el momento del parto.

Protección contra el mal: Esta teoría sugiere que las Sheela-na-Gig tenían una función apotropaica, siendo utilizadas como amuleto o mecanismo de defensa mágico o sobrenatural para alejar el mal o protegerse de él. A algunas de estas figuras se las conoce en Irlanda con el nombre de malvados ojos de piedra (Evil Eye Stones). Incluso, existen relatos folclóricos sobre demonios que podían ser repelidos, cuando veían el sexo de una mujer.

Particularmente, estas figuras o petroglifos se utilizarían para repeler el mal del ojo, conocido en la antigüedad como fascinación, una de las creencias populares más extendida por toda Europa y todavía muy arraigada en zonas como Galicia o la propia Irlanda. Quienes creen en el mal de ojo afirman que hay personas y animales con poderes malignos para hacer daño a los seres humanos, a las cosechas y al ganado. Si no se ponen los medios adecuados para evitarlo, se corre el riesgo de que las personas o  animales enfermen o mueran. Las enfermedades y las desgracias se pueden extender hasta producir incluso la muerte de todo aquel que no tome las precauciones necesarias para defenderse.

Otro de los males que producía el mal de ojo era la esterilidad y hay que pensar en el terror que esta desgracia produciría en las comunidades campesinas, en las que toda la vida se sustentaba en la fecundidad de las personas y de sus ganados, así como en la fertilidad  de la tierra.  Para evitar tales desgracias se recurría a estos símbolos de la fertilidad, poderosos talismanes para combatir al fascinum. La Fascinación era causada por la envidia, ejecutada a través del pernicioso poder de la mirada y dado que la causante de los males era la mirada, la forma de evitar el mal era rehuirla o hacer lo posible por desviarla hacia otros objetos a los que no pudiera perjudicar; de ahí la aparición de amuletos con motivos sexuales o de figuras de carácter obsceno que atraerían la atención de los envidiosos.  

En la Edad Media eran muy comunes tanto los amuletos eróticos, como el recurso a determinadas palabras y gestos corporales de clara índole sexual, para alejar el mal de ojo o el mal en general. De aquí proviene  la figa como amuleto. El propio gesto de “hacer la figa” tiene un claro significado sexual por su relación con la vulva. El empleo de palabras y de gestos obscenos con el fin de repeler el mal de ojo o las malas influencias, era ya muy frecuente en los cultos a Príapo de época greco-romana.

Los campesinos realizaban ciertos ritos con las sheela-na-gigs. El más frecuente consistía en tocarlas para adquirir sus supuestas virtudes; lo que resultaba relativamente fácil, puesto que estaban colocadas o en los muros exteriores de las iglesias, o en fuentes santas o en puentes o simplemente arrimadas contra la pared en el interior de las iglesias. Las parejas que querían concebir les rezaban y les dejaban ofrendas de pan o de fruta, inducidos por la creencia de que si las ofrendas desaparecían en un par de días, era señal de que tendrían descendencia. Por el contrario, si los alimentos seguían en su sitio, pudriéndose con el paso del tiempo, la pareja no tendría hijos.

Un aviso contra la lujuria. Esta teoría viene entrelazada a la de su origen medieval y  explica las figuras como un aviso religioso contra los pecados de la carne. Las figuras exhibicionistas de todos los tipos —hombres, mujeres y bestias— se hallan frecuentemente en compañía de representaciones de bestias devorando personas y otras imágenes «infernales», usándose como un medio para instruir religiosamente y atemorizar a una población creyente y analfabeta. Según esta interpretación, el origen de estas figuras provendría de las rutas de peregrinación a Santiago de Compostela, en definitiva las rutas del arte románico de la Europa Occidental. Esta teoría no explicaría, sin embargo,  el motivo de la exhibición de figuras eróticas en edificios no religiosos.

Realmente, resulta chocante que sea precisamente en las iglesias en donde se encuentren estas representaciones pétreas de mujeres desnudas que muestran impúdicamente sus genitales, aunque también se ven figuras de falos y de hombres enseñando el miembro viril exageradamente grande o en un gesto lascivo. Quizás las figuras femeninas sorprendan por la crudeza de sus posturas corporales, que enseñan con la ayuda de ambas manos una vulva abierta, engrandecida y desproporcionada. Son figuras exhibicionistas, cuya visión suscita sorpresa y hasta cierto sentimiento de repulsa. A pesar de su cruda desnudez, no provocan deseo erótico, ni tampoco se puede decir que resulten obscenas. Pero es que debe tenerse en cuenta que nuestra visión actual de lo obsceno no es comparable con el concepto medieval de lascivia. En el siglo XIX, en plena puritana época victoriana muchas de figuras fueron destruidas, al considerarlas  imágenes de la lujuria.

Lo más plausible es que estas figuras eróticas, colocadas a la vista de todos los feligreses, fueran toleradas por la iglesia porque no tenían nada que ver con el pecado de la lujuria, sino con del poder apotopraico del sexo mostrado con toda su crudeza, para repeler el mal, lo opuesto al bien, esto es, lo opuesto a la fertilidad, a la vida que nace de la mujer; antítesis de la muerte y de los males que conducen a ella. Y es que las Sheelas-na-gig, como divinidades de la vida, tienen también una relación con la muerte; aspecto que se refleja en las representaciones mismas de su figura, cuyos rasgos muestran a mujeres de  pechos diminutos,  muy delgadas; algunas con aspecto de viejas,  representando la muerte del cuerpo  frente a su parte fértil, la vulva, que es resaltada de forma ostensible para enfatizar la fertilidad y el nacimiento de la vida, manifestado en la  evidencia del parto, sugerido en muchas de estas figuras.

En cualquier caso, parece que las teorías del origen de las Sheela-na –gig parecen apuntar a Galicia, bien sea a través de la moura pagana de Pena Furada o a través de la ruta medieval del Camino de Santiago.

Ejemplos de esculturas eróticas femeninas de iglesias españolas, equivalentes a las Sheela-na-Gigs irlandesas:

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Iglesia de Santa Marta del Cerro. Segovia. Foto: Panibericana

 

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Iglesia de San Andrés Pecharromán. Iglesia de El Olmo en Segovia. Foto: Panibericana

 

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Iglesia de El Savador, Sepúlveda. Iglesia de la Asunción, Duratón, Segovia. Foto: Panibericana

Santuario de Pena Furada. A Moura: La Navia

Ahora, centrémonos en el santuario de Pena Furada, situado en la  parroquia de Santa María de Lesa, en el concello de Coirós (A Coruña). No resulta complicado asimilar a las eróticas Shelaa Na Gigs con la enigmática figura de A Moura del santuario de Pena Furada, con un sexo muy marcado, considerada una representación de la diosa céltica astur-galaica Navia, asociada a las aguas.

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Pena Furada sería un santuario galaicorromano, de origen probablemente anterior, delimitado con fosos y muros perimetrales, que fue cuidadosamente ordenado a partir de la imagen de A Moura. Fue cristianizado con posterioridad, a través de la construcción de la cercana iglesia de Santa Mariña de Lesa, a apenas un km monte abajo, erigida para sustituir al culto pagano y que se encuentra alineada con el santuario. En la cercana aldea de Figueiras, solo los más mayores conocían de la existencia de A Moura, como así conocían a la figura.  Entre ellos, un pastor que conocía bien ese monte y que confesaba haber partido otra figura cercana, en busca del oro que estaría incrustado en su interior, según las profecías del Libro de San Cipriano, existiendo realmente en el lugar otra figura antropomorfa seccionada en parte.

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En el sancta sanctorum del lugar, la figura de A Moura esculpida, una enigmática figura de mujer, cuyo culto parece descender desde el de la Diosa Madre o Diosa de La Tierra, en la que creyeron nuestros antepasados europeos. Ha sido tratada con temor y respeto. Se encuentra orientada al oeste, siendo visible sólo a partir del mediodía. Sus características difieren completamente de otros petroglifos de la Edad de Bronce encontrados en territorio gallego.

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El petroglifo se localiza en la cima de una colina y al borde de una ladera muy pronunciada. Para su colocación se buscó intencionadamente un lugar alto desde el que se divisara un amplio horizonte. Las  laderas sur y occidental del monte descienden hacia el valle en una pronunciada pendiente. Está situada en un altar rectangular de piedra, al que se accede por unas escaleras talladas para poder llegar a una pequeña plataforma, en la que se encuentra tallada la figura desnuda, recostada sobre la roca, con una intrigante sonrisa, apretando entre sus brazos su enorme vulva. La figura se encuentra alineada en un eje Este-Oeste. La cabeza de la figura está orientada al Este y los pies al Oeste.  Intencionadamente, la luz de la puesta de sol incide directamente sobre la vulva de la diosa. A un metro de su cabeza hay una pila rectangular (lacus), donde se depositarían las ofrendas.

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Lo que más atrae la atención de estos petroglifos son sus rasgos corporales extravagantes: Su cuerpo es muy alargado en relación con su anchura. En su rostro se señalaron únicamente los ojos y la boca, y bajo su cuello se marcaron dos círculos para señalar el hueco de los brazos, los cuales, al igual que el resto del cuerpo, se encuentran toscamente trazados, con un surco muy desigual, que delimita también toda la figura. Se puede apreciar como las manos tocan la parte superior de la vulva, muy exageradamente señalada con una incisión muy profunda. Las piernas están muy juntas al igual que los pies, apenas esbozados. La roca en la que fue grabada  a Moura sería una petra genetrix, una fuente de vida y de fertilidad que refuerza la propia sacralidad de la Tierra Madre, dotándola  con las prodigiosas virtudes de las que se suponía estarían dotadas las piedras. La sacralidad de las piedras está muy exaltada en los megalitos de los países atlánticos europeos, y su folklore cuenta con un rico tesoro de creencias y de tradiciones relacionadas con ellas, como los poderes fertilizantes de los menhires, las pedras de abalar, las rocas en las que se practican deslizamientos o frotamientos con fines fertilizantes…

A Moura es un petroglifo único, sin parangón entre los otros cientos encontrados en tierras gallegas, lo que hace pensar en la enorme importancia y devoción que tendría este santuario de conmemoración a la diosa Madre, para posibilitar su intermediación en la fertilidad y fecundidad: Especialmente en ciertos días del año,   la Diosa propagaría hacia el horizonte, durante el camino diario que el sol debe recorrer de este a oeste, las emanaciones de su vulva; con ello fecundaría la tierra y el mar, y fertilizaría los campos, los animales y las personas. Habría que imaginarse cómo sería el horizonte que se podría observar entonces, cómo sería el cielo, el mar, la tierra y esos bosques, no atiborrados precisamente de eucaliptos hace más de dos milenios.

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Horizonte de Pena Furada con eucaliptos

Relacionada con las connotaciones de fertilidad se encuentra la orientación astronómica de A Moura, en dirección Este-Oeste, para la visión particular de la figura, tanto a distintas horas del día, como en distintos días de año. En definitiva, toda esta relación de trayectorias solares, apariciones y sombras supone un calendario para los habitantes de entonces, una guía para sus rutinas agrícolas. De entre todas las rocas que afloran en este santuario se fue a elegir precisamente la que tiene uno de sus lados orientado hacia el Oeste. El petroglifo que presenta la figura de mujer se grabó con la cabeza en la parte superior, mirando hacia el Este, y la parte inferior, los pies, que llegan hasta la base de la roca, en dirección Oeste. Por la inclinación natural de esta roca parece que la figura está de pie y mirando a poniente. Lo llamativo de su mirada no es únicamente que esté orientada hacia el Oeste, sino exactamente hacia un punto de esa dirección en la que solamente se pone el sol en una determinada fecha del año: en el equinoccio de invierno (SAMAIN). Por el contrario, en el sol de poniente del equinoccio de primavera, su orientación Este-Oeste se representa como símbolo mágico de fertilidad y de vida. La luz penetra en el misterio de su vulva pétrea, junto con las esperanzas de los creyentes de fertilidad, fecundidad y protección para personas,  ganados y cosechas. Por otro lado, el Oeste astronómico es el lugar por donde se pone el sol en el equinoccio, de manera que su significado debemos verlo también en relación con el Más Allá, con el sol de poniente que penetra en el mundo de las sombras en el que habitan los antepasados y, por lo tanto, con las almas de los que, gracias a las cuales, van a volver a la vida nuevos seres humanos. Y es que el culto a los antepasados tendría en Galicia y en otras comunidades atlánticas del norte de Europa, una relación muy estrecha con el calendario astronómico. La celebración de la fiesta del Día de Todos los Santos, de la Navidad, de la Pascua y de otras celebraciones cristianizadas en el calendario de la Iglesia, así lo permite suponer. La pervivencia de un culto muy fuerte al mundo de los muertos en Galicia muestra la creencia de que los antepasados familiares nunca dejan de existir, sino  que viven en otra dimensión, de la que en determinadas fechas  regresan para entrar en el mundo de los vivos; haciéndose notar de las formas más diversas o adquiriendo diversos aspectos para hacerse visibles a los que siguen vivos. Este viejo concepto del mundo de ultratumba, paralelo al nuestro, se mantiene vivo en la mentalidad popular de muchos lugares de Galicia, a través de tradiciones que la Iglesia cristianizó, pero que continúan atestadas de vestigios paganos (ej. Romería de San Andrés de Teixido). Y es que el antepasado muerto no ha desaparecido del todo, es un ancestro que vive permanentemente en el recuerdo familiar y que hace que determinadas decisiones y comportamientos se efectúen en su nombre. Por eso, los que veneraban a los ancestros creían que estos podían concederles riquezas, fertilidad y nuevos nacimientos.

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ORIGEN: El petroglifo fue encontrado, o más bien dado a conocer, por el arqueólogo local Antón Malde Francés en 1993. Para su descubridor, esta figura femenina podría tener relación con el mundo simbólico-religioso prerromano, continuándose los ritos durante época romana, aunque no habría vestigios que  así lo pudieran afirmar. El desconocimiento de su cronología viene motivado por la descontextualización de otros elementos encontrados en el santuario, como cazoletas o  fragmentos de cerámica de difícil datación.  Ante la falta de evidencias, tanto su significado como la época en que fue esculpida la figura resultan, a día de hoy, toda una incógnita.

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LAS CONEXIONES ENTRE GALICIA Y LAS ISLAS BRITÁNICAS E IRLANDA. El Eje Atlántico. Historia en común de los pueblos célticos atlánticos:

La relación entre los pueblos de cultura celta del Atlántico viene de antiguo. De estos vínculos arcaicos derivan tanto un patrimonio monumental megalítico, como ritos, leyendas, mitos y creencias comunes… En definitiva, una cultura común unía a estos pueblos, lo  que implicaría la existencia de unas rutas marítimas comerciales fluidas  entre ellos. La leyenda mitológica irlandesa de Los Hijos de Milé situaba su origen en el norte de España, concretamente en Galicia. Hay autores, como Bryan Sykes, que incluso afirman que la mayoría de celtas británicos proceden de una tribu ibérica de pescadores que habría cruzado el océano hace unos 6.000 años. En cualquier caso, las primeras referencias escritas de estos pueblos provienen de los griegos, en la denominada Edad de Bronce (III-I milenio A.C.). El bronce fue el primer metal dominado por los herreros mediterráneos. Se trata de una aleación compuesta de cobre y estaño, siendo éste último un metal muy escaso en zona mediterránea, pero muy abundante en las que denominaron Islas Casitérides, las islas del Estaño, las islas del confín occidental. Un concepto un tanto abstracto geográficamente, pero que lo más probable es que identifiquen a las denominadas naciones célticas atlánticas que actualmente corresponderían a los territorios de Irlanda, Cornualles en Inglaterra, Gales y Escocia, la Bretaña Francesa y el norte de la península ibérica, especialmente Galicia y Asturias.

BRETOÑA. OBISPADO BRITONIA. LOS BRITONES

Una vez finalizada la civilización romana, los destinos de habitantes británicos e irlandeses y astur-galaicos volverían a cruzarse. Estamos a finales del siglo V, inicios del siglo VI, en plena época de invasiones bárbaras. En la zona de la antigua Gallaecia, que comprendía el norte de Portugal desde el río Duero/Douro al norte, Galicia, parte de Asturias, León, Salamanca y Zamora; se había formado el reino suevo, la primera monarquía de corte feudal que se estableció en Europa. En esta época los sajones arrasaban a sangre y fuego tierra británica. Muchos britones, habitantes celtas romanizados del este y sureste de la Isla Británica (Gales y Cornualles), arribaron a las costas galaico-asturianas huyendo de los bárbaros, fundando lo que se conocería como el Obispado de Britonia, nombre que todavía hoy pervive en la actual localidad de Bretoña, en la provincia de Lugo. Estos britones practicaban una forma de cristianismo céltico, similar al que se practicaba en Irlanda, con tradiciones diferentes a las católico-romanas. La zona que ocuparon se extendería desde la costa de Ferrol hasta el río Navia, en Asturias. Su existencia consta solo en los registros eclesiásticos, en documentos del Concilio de Braga (572) y del Concilio de Lugo (569). La sede episcopal de Britonia continúa apareciendo en los concilios posteriores, hasta desaparecer en algún momento entre los siglos VIII y XI. Por el medio, ataques vikingos y problemas con la sede primada de Toledo por la práctica de ritos cristianos-célticos. El Obispado de Britonia, si bien desapareció como sede episcopal de facto, todavía aparece relacionada, a día de hoy, por la Iglesia Católica como diócesis titular, esto es, que existe únicamente en su título y posee un obispo titular que no es diocesano.  Recordemos que la primera catedral española, la iglesia de San Martiño de Foz, en el siglo XI, se erige posteriormente en este territorio, sede del Obispado de Dumio y Bretoña.

En cuanto a los britones celtas, poco más se sabe de ellos. Probablemente, si bien en un principio habrían conservado su identidad lengua y tradiciones celtas, con el tiempo acabarían integrándose en la cultura, costumbre y religión local. Algunos retornarían a sus islas, llevando consigo parte de la cultura y creencias que habrían recibido en estas tierras, poco tiempo antes de que una milagrosamente una estrella se posara sobre Compostela y se descubriera el lugar donde reposaba el apóstol Santiago o Jacobo.  Es más que probable que el culto a la diosa Navia todavía perdurase en el Santuario de Pena Furada en aquella época convulsa de invasiones godas, en la que los antiguos ritos paganos todavía no habían podido ser  erradicados entre la supersticiosa gente del occidente europeo.

TRADICIONES EROTICAS GALICIA.

Como colofón, una serie de tradiciones gallegas relacionadas con actos con las partes nobles. Del estudio de Alonso Romero, citando al antropólogo Losón Tolosana:

Todavía en fechas tan cercanas como finales del s. XX, los marineros de la ría de Arousa creían que, cuando no había pesca, el motivo era que la embarcación estaba embrujada. Para ahuyentarla, uno de los marineros, generalmente el más joven, tenía que bajarse los pantalones y mostrar su pene al aire para que la supuesta bruja abandonara la embarcación.

A los objetos obscenos se les han atribuido propiedades extraordinarias para proteger contra el mal en general. Así, las mujeres de los pescadores de A Guarda (Pontevedra), cuando hacía mal tiempo o cuando el viento no era favorable para su regreso a puerto y temían por las vidas de sus maridos, se iban caminando hasta lo alto del monte de Santa Tegra. Allí, se ponían de espaldas al viento para después levantarse las faldas y enseñarle el culo al viento para ahuyentar al espíritu que produce los vientos huracanados. Asimismo,  en los días de cerrazón (niebla) hacían que los rapaces “enseñasen o cú” para que se marchara la neblina

Por último, cuenta Losón Tolosana que, en algunos pueblos de la provincia de Pontevedra,  se mantenía la firma creencia en el poder del falo contra el embrujamiento y el mal de ojo. Por ejemplo, cuando los bueyes o las vacas se negaban a moverse, su dueño se quitaba la gorra, se tocaba con ella sus genitales y después la pasaba por el lomo de los animales, convencido de que con esta acción los libraba del maligno poder que les impedía andar.

Referencias:

 

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